Se cumplen estos días cuatro años desde que unos cuantos desquiciados nos encerramos en un sótano de Gran Vía para darnos de tortas en nombre de la poesía. Quizá lo recuerde usted, quizá nunca supo que ocurrió.
El 25 de enero de 2008 tuvo lugar, en Salamanca, el I Campeonato Mundial de Boxeo de Poetas Pesados. Participaron los poetas Gonzalo Escarpa, Víctor Pérez, Ben Clark y David Moreno. Hubo un antes y un después, como recuerda el profesor Francisco Bautista: «De alguna forma, que quizá nos cueste confesarnos, hemos llegado a percibir que haber estado allí, aquella noche, se ha convertido en una clave, en una especie de hito que oscila entre la revelación y la condena».
Los poetas se pegaron, sin más, frente a catedráticos, cachas de gimnasio, bellas señoritas y sombras suspicaces. No hubo versos, pero hubo poesía. Recuerdo, sobre todo, el olor. Olía a sudor, a cuerpos en tensión, a incertidumbre. No voy a discutir aquí si tuvo sentido, si no, si fue Arte, arte u otra cosa. El debate y toda la información están en el blog, que podrán localizar sin problema escribiendo “Poetas Pesados” en el todopoderoso Gúguel.
Pero el aniversario me ha hecho pensar en varios proyectos pendientes que tiene el mismo colectivo abstracto que habita la periferia de la periferia cultural de esta ciudad (entre otros muchos cabe destacar la Revista Mombaça y su motor, Jorge Páez; la Editorial Delirio y el gestor cultural Fabio de la Flor; los artistas David Escanilla y Arturo Ledesma; el inclasificable Domingo Sánchez Blanco…), es decir los organizadores del combate. Uno de los que más nos apetece, sin duda, es el Poeting: poetas en caída y verso libre, un evento singular, una velada poética donde los poetas, libro en mano, experimentan el vórtice del verso tirándose de un puente.
Poetas haciendo puenting: poeting. Lo planteamos para la Feria Municipal del Libro el año pasado, pero no pudo ser. Una lástima. Pero ocurrirá, seguro, tarde o temprano, con o sin un apoyo institucional, porque han ocurrido otras muchas cosas antes: Fernando Arrabal fue portado, emulando una extraña Virgen barbuda, en andas por doce poetas hasta la puerta de la Catedral Nueva de Salamanca para llamar a la puerta de Dios. Se enterró un Pontiac en perfecto estado de funcionamiento en el pueblo de Morille y, hace bien poco, la novia de un artista se comió, supuestamente, un pedazo del artista –bisturí, carne a la plancha, olor a quemado- en una performance macabra y, si quieren mi opinión, bastante genial (la acción, que al final se llamó de otra forma, se iba a llamar en un principio ¡Qué bueno está mi novio!
Otro gran proyecto soñado es el entierro, en el Museo-Mausoleo de Morille (un maravilloso cementerio de arte que merece la pena visitar, si tienen ocasión) del llamado Genoma de Poeta, donde un poeta enterraría su estudio genómico, tras haberse enfrentado a la Muerte y al Destino genético que todos ocultamos dentro. ¿Es todo esto Arte? No lo sé. Yo creo que el Arte siempre es otra cosa, y por eso se hacen estas cosas, porque son otras cosas, porque vivimos en una ciudad que se perfuma a diario con la palabra cultura. Pero hay colectivos y artistas que quieren saber de verdad cómo huele Salamanca: ¿qué queda cuando se agotan los presupuestos y La Palabra? Quedan los poetas boxeadores y los artistas que crecen ante la crisis y que nunca tiran la toalla.
Por Ben Clark
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La idea como siempre fue mía. Gracias.
V.