Obleas Pan de Ángel, de Cipérez, una ‘delicatessen’ de siempre pero más natural que nunca.

Fabian Martín, padre e hijo con las planchas de sus antecesores

(Publireportaje) Las obleas Pan de Ángel son el fruto del trabajo y la experiencia de cinco generaciones de artesanos, una fina masa de harina, huevo y azúcar, horneada en su justa medida, la convierten en un producto de alta gastronomía asequible a cualquier bolsillo y apropiado para todas las edades; porque lo bueno no tiene por qué estar reñido con la economía, especialmente en los tiempos que corren.

Pan de Ángel S. L. es un claro ejemplo de la diversidad y posibilidades empresariales que ofrece la provincia salmantina y, en especial, la comarca de Vitigudino. Nacida bajo la tradición familiar, esta empresa se encuentra ubicada en la localidad de Cipérez y es actualmente la mayor empresa productora de obleas de España, lo cual supone un orgullo para muchos habitantes de esta comarca, pues encontrarnos un pueblo de esta zona representrado en una bolsa de obleas en cualquier gasolinera de la autopista hacia la Costa Blanca o Costa Dorada, e incluso hacia el Mar Menor, deja de ser algo anecdótico y se convierte en un hecho habitual.

Con una capacidad de producción de 10.000 obleas a la hora, ofrece empleo a un total de 12 empleados, y sus principales mercados, al margen de la provincia charra, se encuentran en el resto de Castilla y León, Madrid, Galicia y Portugal, aunque como decíamos, no resulta extraño encontrarnos con las famosas obleas de Cipérez en cualquiera de las gasolineras que se reparten por las autopistas o autovías de nuestro país y, desde hace unos años, en lugares destacados de las grandes superficies destinados a productos gastronómicos, en ocasiones en apartados exclusivos .

En continua progresión desde su fundación en 1974, los objetivos más inmediatos están marcados por el compromiso de abastecer a sus clientes en el día a día, sin tener en cuenta su volumen comercial y procurando así la mejor calidad, con el mismo grado de compromiso nacido hace 200 años y con cinco generaciones de artesanos de por medio.

La incorporación de maquinaria moderna a sus instalaciones utilizando la más alta tecnología, le ha permitido aumentar la producción y a la vez amortizar estas inversiones sin que los costes finales del producto se hayan visto afectados. Podría decirse que, desde su aparición en el mercado, las afamadas obleas de Cipérez se presentan al precio de 1,50 euros para la bolsa de 24 obleas; un coste más que asequible para cualquier bolsillo y que abre las puertas de cualquier reunión en la que tenga cabida un surtido de dulces o pastas.

Pero precio y calidad del producto deben ir siempre unidos para lograr el éxito en los mercados, y Pan de Ángel no es ninguna excepción. Junto a un precio competitivo, en el que juega un papel importante la distribución a través de agencias de transporte, dentro de cada bolsa se encuentra un producto que se adapta a cualquier paladar.

Con un suave aroma a vainilla, su sabor denota productos tan naturales como la leche, la harina o el huevo, toda una sensación al gusto con el crujiente chasquido que produce bajo el paladar y el toque especial de una tradición de artesanos que ha trascendido hasta nuestros días. Según Fabián Martín, precursor de esta tradición familiar que llevó al ámbito empresarial,  “el secreto está en la masa”, algo que se resiste a desvelar más allá de los productos que cualquiera pueda adivinar. “Como dijo un médico, quien come obleas y bebe un vaso de leche al día, llega a 100 años sin pasar por la enfermería”.

 

De 80 obleas diarias a 10.000 en una hora

Actualmente, Pan de Ángel S. L., es la cuarta generación de una familia dedicada desde hace más de 150 años a la fabricación artesanal de obleas, un producto netamente salmantino que invade desde hace varias décadas los mercados de toda España. Desde las rudimentarias planchas calentadas a la lumbre de encina sobre las que se colocaba la masa para ser aplastada de forma manual, la familia de Fabián Martín ha pasado a poseer dos máquinas industriales capaces de producir 10.000 obleas a la hora elaboradas con todas las garantías de calidad y bajo los más rigurosos controles sanitarios.

A la sencilla fórmula de harina, azúcar, leche y huevos, los propietarios de esta empresa familiar, le añaden sus años de experiencia y “mucho cariño”, por ello el consumo de las “famosas obleas de Cipérez” está especialmente recomendado para aquellas personas con problemas en el aparato digestivo y son el complemento ideal de otros productos naturales como  la miel, queso fresco, leche o mermeladas. Además, la oblea supone un símbolo de amabilidad y se encuentra ligada a las fiestas rurales donde nunca puede estar ausente.

 

Experiencia, perseverancia, trabajo e ingenio 

Pero para llegar hasta aquí, Fabián Martín no ha tenido ante sí un camino de rosas precisamente. A su regreso de Alemania, lugar donde estuvo trabajando durante varios años, se le ocurrió montar una granja de cerdos cuyos animales hubo de sacrificar ante la irrupción de la peste porcina, lo cual fue un duro golpe para un joven empresario al ver como todo su esfuerzo de años anteriores resultaba en vano.

Aquella desgracia hizo que el mundo se le viniera encima, por lo que decidió regresar de nuevo al país bávaro hasta recomponer su situación económica. Pero Fabián sabía que el futuro lo tenía en su pueblo, así que regresó a Cipérez en 1974 para recuperar el oficio que le enseñaron su padre y su abuelo, y que a su vez ambos aprendieron de sus antecesores.

Fabián Martín volvió a echar mano de las viejas planchas de hierro para hacer las obleas  que vendían en las fiestas de los pueblos y para acontecimientos familiares señalados. Su producción se limitaba a 80 obleas al día, pero lo que en principio era todo un escollo difícil de salvar, su elaboración totalmente artesanal sería a la postre su mejor reclamo para introducirse en varios supermercados de Salamanca y en la cadena Tragoz, más tarde ‘El Árbol’.

Muchos no daban un duro por aquella apuesta, pero Fabián Martín demostraría que no estaba loco y que era un empresario con una visión del negocio adelantado a su tiempo. Todas las puertas se le cerraron, excepto la que le mantuvo abierta un amigo director de una sucursal bancaria.

Con aquella entidad financiera contrajo un crédito de 6.000.000 de pesetas al 21% de interés, además de comisiones, pero que le permitiría adquirir la primera máquina para elaborar obleas y la casa donde nació, hoy actuales instalaciones de la empresa Pan de Ángel S. L. y que desde hace algunos años ya dirige su hijo, también con el nombre de Fabián y que es la quinta generación de esta saga de artesanos de obleas.

A partir de la primera máquina sus ventas se incrementaron de tal forma que le resultaba difícil atender a sus clientes, así es que cuatro años después adquirió su segunda máquina en Austria, más automatizada y con capacidad para elaborar 800 obleas diarias, así hasta que en 1990, en una feria de maquinaria en Alemania, se le ocurrió la extraordinaria idea de adaptar una máquina de barquillos a la fabricación de obleas, idea que trasladó a los ingenieros constructores de aquel primigenio artilugio para fabricar barquillos, por lo que podría decirse que Fabián Martín hacía bueno aquello de que ‘la necesidad agudiza el ingenio’.

La complejidad que para los ingenieros suponía el objetivo de Fabián no resultó fácil de solucionar. La primera máquina tardaron dos años en diseñarla y ponerla en funcionamiento, nada que ver con los 9 meses de su segunda adquisición en el año 2000. El coste de cada máquina rondaba los  450.000 euros, cifra a la que la empresa debía sumar la adaptación de sus instalaciones, lo que incrementaba la inversión a más de 600.000 euros.

Hoy, las obleas de Cipérez son conocidas en toda España, son el fruto de la experiencia, la perseverancia, el trabajo y el ingenio de una familia, por lo cual son un motivo más para que los habitantes de la comarca de Vitigudino se sientan orgullosos de una cosa más que nace en esta tierra.

 

Un producto 100% natural

Tras más de 160 años elaborando obleas, Pan de Ángel S. L. no solo ofrece en sus productos la experiencia de varias generaciones de artesanos, si no que a esta forma de hacer de lo natural algo sencillo, ha unido un riguroso control de calidad para garantizar un producto final tan exquisito como fiable, sin conservantes ni colorantes añadidos.

Por sus cualidades en cuanto a la suavidad de su sabor y textura al paladar, las obleas Pan de Ángel S. L. han sido desde siempre invitadas de honor en celebraciones, reuniones y cualquier evento social; casi siempre ligadas a la amistad y especialmente familiares, unas características que permanecen innatas en las famosas obleas de Cipérez por ser un aperitivo inigualable en cuanto a su exquisitez y asequibles a todos los bolsillos, porque lo bueno no tiene por qué estar reñido con la economía.

En Pan de Ángel S. L. saben muy bien por su dilatada tradición que lo mejor es aquello que siempre nace de forma natural, por eso que la composición de sus obleas únicamente presenta productos primarios como harina, huevos y azúcar, pero todo en su justa medida y con el horneado preciso, porque es ahí donde reside el auténtico secreto de su sabor y extraordinaria textura.

Sin duda, el secreto de su éxito está en la masa, una receta de siempre pero que nunca defrauda al paladar. Bien sea viendo la televisión sentados en el sofá, en el desayuno por las mañanas o acompañadas de un vaso de leche antes de ir a la cama, las obleas Pan de Ángel nos dejarán siempre un extraordinario recuerdo; como los mejores placeres de la vida.

Las obleas de Cipérez no encuentran entre sus miles de incondicionales una edad definida, desde los niños hasta nuestros abuelos disfrutan de su sabor a cualquier hora del día. Digestivas, saludables y apetitosas, así se presenta esta ‘delicatessen’ de siempre pero más natural que nunca.

 

Elaboración artesanal

El proceso de elaboración de los productos Pan de Ángel es totalmente artesanal, desde la mezcla de ingredientes a su horneado, envasado y posterior etiquetado en bolsas de una o dos docenas de finas obleas. Además de utilizar productos de primer orden totalmente garantizados bajo rigurosos controles sanitarios, otra de las características que incide en su calidad, es su rápido transporte hasta los puntos de venta.

Símbolo de cortesía

Las obleas han sido desde siempre símbolo de cortesía y amabilidad de los anfitriones, por ello siempre es tan bien recibida su presencia en convites, bautizos, comuniones o cumpleaños, sin olvidar fechas señaladas como Navidad. Digestivas, saludables y exquisitas, cualquier momento es bueno para incorporarlas a la dieta habitual sin que lo note el cuerpo ni el bolsillo, pues su equilibrio se encuentra en todos los órdenes. Un precio justo con las mínimas calorías.

Variedad y gusto en su presentación

Las obleas Pan de Ángel son envasadas a mano y vienen presentadas en bolsas de una y dos docenas. También disponemos de formatos especiales para pedidos, cestas o regalos capaces de satisfacer la demanda más exigente. Cada oblea lleva estampadas las dos caras con dibujos en bajo relieve hechos a mano sobre una placa de hierro. Los grabados, de forma circular, proceden de fuentes de inspiración variadas: Heráldicos o bordados, iconografía popular, de estampas o cualquier otra manifestación factible de ser reproducida en el dulce. Alrededor del motivo principal, definiendo el perímetro del dulce aparece una leyenda donde reza el nombre del lugar donde se fabrican las obleas y el nombre del propietario. Además, Pan de Ángel S.L. elabora las Dunas, el snack de oblea que se vende en bolsitas individuales con llamativos colores que resultan atractivos para los niños

 

De Gran Gourmet

La popularidad de las obleas Pan de Ángel se extiende desde los rincones más selectos de Gran Gourmet al pequeño comercio y grandes superficies. Su renombre traspasa cualquier límite, pues su aceptación no conoce fronteras entre el público, consolidándose su demanda allá donde ha llegado. No en vano, Pan de Ángel ha logrado en varias ediciones el Master de Popularidad.

Detalle de las planchas de 1911 Empaquetado de las bolsas Envasado del producto final Fabián Martín con una de las planchas de 1911 Fabián Martín, hijo y padre, dos generaciones juntas en la elaboración de obleas Pan de Ángel Fabian Martín, padre e hijo con las planchas de sus antecesores
Autor en 26/12/2011. Archivado en Las Arribes. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

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2 Respuestas para Obleas Pan de Ángel, de Cipérez, una ‘delicatessen’ de siempre pero más natural que nunca.

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  2. ESTOY INTERESADO EN INFORMACIÓN SOBRE LA CALIDAD DE LAS OBLEAS Y SI SE AJUSTA A NUESTRAS EXPECTATIVAS COMPRARLAS AL POR MAYOR!
    ME PUEDEN ENVIAR POR FAVOR DESCRIPCIÓN DEL PRODUCTO?, CONDICIONES DE EMPAQUE?, TRANSPORTE? COSTOS? Y DEMÁS? GRACIAS

    CORDIAL SALUDOS

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