El país que se sueña

Uno escribe a base de ser un minero de sí mismo.
José Luis Sampedro

La concesión del Premio Nacional de las Letras Españolas al incombustible José Luis Sampedro me ha hecho pensar, hoy más que nunca, en lo vital que resulta ser inconformista y soñador. Es curioso que durante las pasadas elecciones no se hablara mucho de los sueños. Se habla, cuando se habla, de proyectos, de realidades, de lo que se hizo, deshizo o dejó de hacerse. Se habla mucho del paro, claro, pero no se habla demasiado de los sueños. Sin embargo la necesidad que tenemos los humanos de generar un mundo onírico y perfecto es enorme, pudiendo decirse que privados de sueños, nos encontraríamos privados de cualquier posibilidad de ser libres. Y de libertad sí que se habla en época de elecciones, aunque no mucho, como hemos visto, de los sueños.

Un sueño interesante surge después del fatídico día del alea iacta est, cuando el recuento ha finalizado y el partido vencedor se baña en cava sin prestarle demasiada importancia a la estructura que los sostiene (ya se acabaron las elecciones). El sueño nace de la melancolía de todos los partidos que no ganaron, que sueñan con el país que no será. Pero la imagen nos engaña; no se trata en absoluto de una derrota, sino de la conquista de lo inasible y, de nuevo, de esa libertad tan en boca de todos. El país de nunca jamás no será corrompido, no crecerá para hacerse viejo, será siempre una quimera. ¿Y bien? Dirán algunos ¿para qué me sirve a mí un sueño? Es una buena pregunta y sería incluso mejor si no existiera El Principito de Saint-Exupéry o, ya puestos, toda la historia de la literatura. El ciudadano que sueña será siempre un ciudadano motor, un ciudadano que avanza hacia algún sitio –no sabemos hacia dónde, no lo sabe ni él, pero avanza y de saberlo seguramente perdería todo el interés por seguir–. Tenía un amigo que se definía como apolítico y le ofrecí mi más profundo pésame cuando me lo comunicó. Si no votas, le dije, nunca podrás disfrutar la derrota del partido al que votaste. Nuestras ideas son siempre mejores que nuestras realidades por el mero hecho de nacer dentro de nosotros, amoldándose sin llamar mucho la atención a todos nuestros gustos y preferencias. Habrá quien se confunda con la gloria del perdedor y habrá otros que recuerden escenas de ‘Toro Salvaje’. Nada más lejos de la realidad: porque aquí estamos hablando de una irrealidad que debe ser, lo sabe Sampedro, fracturada en su centro para descubrir la realidad. Se trata de observar lo que hay como lo que es. De identificar todo lo que podría haber sido y no fue;  todo lo que puede ser todavía, cuando aún es tarde para cambiar.

 Por Ben Clark

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Autor en 01/12/2011. Archivado en Destacados, Opiniones. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de la RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta, o trackback a esta entrada

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